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Entre las múltiples salvajadas a las que se sometía a las tallas se encontraba la costumbre de “decorarlas” con espantosos postizos metálicos que además causaban daños severos a la madera debido al traqueteo de la procesión. El paso de La Virgen de las Angustias (Juan de Juni, 1561) llegó a desfilar varios años con siete puñales apuntándole al corazón. Esta foto probablemente corresponda a los años 40 del siglo pasado, pero yo he llegado a presenciar esa práctica nefasta.

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