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Abril de 2025

Manet, Baudelaire y el primer Velázquez

En 1865, cuando tenía treinta y tres años, Manet visitó el Museo del Prado para descubrir la pintura de Velázquez. “Llegué ayer de Madrid, querido amigo. Por fin conozco a Velázquez y le confieso que es el pintor más grande que haya existido jamás”, le escribió entusiasmado a Charles Baudelaire, que, más que amigo, era para él una especie de sostén espiritual, como podemos observar en el siguiente fragmento:

Me temo que he de hablarle una vez más de usted mismo. Al parecer, tengo que dedicar mi tiempo a demostrarle lo que vale. Es una auténtica tontería lo que me exige. Se burlan de usted, las bromas le molestan, no cree que le hagan justicia, etc. ¿Se cree el primer hombre al que le pasa eso? ¿Tiene usted más talento que Chateaubriand o que Wagner? ¿Acaso no se burlaron de ellos? Lo hicieron, y ellos no se murieron por ello. Para no inspirarle demasiado orgullo, le diré que esos hombres son modélicos, cada uno en su arte, a las que han contribuido a enriquecer mucho. Usted, en cambio, [con sus titubeos], es el principal culpable de la decrepitud que vive la suya. Espero que no me guarde rencor por hablarle con tanta franqueza. Conoce de sobra la amistad que le profeso.

Ésa fue la respuesta del poeta a una carta en la que Manet, incapaz de soportar ya el aluvión incesante de críticas, burlas y ataques furibundos que estaba recibiendo su “Olympia” (1863), le imploraba consejo y consuelo e insinuaba estar valorando la posibilidad de abandonar los pinceles. Con su reprimenda, Baudelaire sabía lo que hacía. Atesoraba experiencia de sobra en cuanto a agresiones a su obra se refería y acababa de ganar un proceso judicial largo, costoso y no exento de peligros para conservar el derecho a mantener “Las flores del mal” (1857) libre de censuras. Como sabemos bien, Manet reaccionó como él esperaba, abrió la puerta al impresionismo, acabó consagrado como uno de los artistas más importantes de la historia y, sobre todo, conservó aún más reforzada su amistad con él y menos de dos años más tarde le envió la misiva en la que se le anunciaba su epifanía velazqueña, algo que a Baudelaire seguramente le sorprendió mucho.

“Tres hombres a la mesa” (1617-1618), óleo sobre tela, 108,5 x 102 cm; Museo del Ermitage.
“La mulata” (1617-1618), óleo sobre tela, 55 x 104,5 cm; Art Institute de Chicago. Existe alguna duda sobre su autoría.
“Vieja friendo huevos” (1618), óleo sobre tela, 100,5 x 119,5 cm; National Gallery of Scotland, Edimburgo. Quizá su primera obra maestra.

Aunque desde una perspectiva actual pueda resultar algo chocante, al menos fuera de nuestras fronteras Murillo era entonces considerado el mejor pintor que había dado España, muy superior a su paisano en todos los aspectos. La razón es que mientras que él había inundado el continente con sus cuadros aprovechando la situación privilegiada de Sevilla como centro mercantil, Velázquez había comenzado a trabajar para Felipe IV cuando sólo tenía veintitrés años. De este modo, el grueso de su creación permaneció en la esfera cerrada de las sucesivas casas reales hasta el 19 de noviembre de 1819, fecha en la que se inauguró el Museo del Prado. Hasta entonces, tan sólo se conocía su nombre y sus obras de juventud, pero muy poca gente había tenido la ocasión de contemplar alguno de sus cuadros más importantes. Por señalar un ejemplo extremo, se estima que no más de veinte o treinta personas habían visto “Las meninas” (1656) hasta ese día.

“Inmaculada Concepción” (ca. 1619), óleo sobre tela, 135 x 101,6 cm; National Gallery, Londres.
“El aguador de Sevilla” (1618-1622), óleo sobre tela, 106,7 x 81 cm; Wellington Museum, Londres.
“La venerable madre Jerónima de la Fuente” (1620), óleo sobre tela162 x 107 cm; Museo del Prado. Se trata del primer cuadro conocido en el que aparece la firma del pintor. Velázquez realizó dos versiones casi idénticas de este retrato.

 

Piero Manzoni vivió muy poco

Piero Manzoni es popularmente conocido por su “Merda d’artista” (1961), una lata de conserva de 4,8 x 6,5 x 6,5 cm que supuestamente contiene 30 gramos de sus heces. Sin embargo, casi nadie sabe que un infarto de miocardio le impidió llegar a cumplir los treinta años (1933-1963). Aunque no participó en la exposición inaugural, se le suele relacionar con el Movimiento Arte Nucleare, junto con sus fundadores Enrico Baj y Sergio Dangelo y otros artistas como Asger Jorn, Yves Klein o Antonio Saura. Es bastante sensato pensar que habría llegado a ser una figura importante dentro de la historia del arte de no haber muerto tan pronto.

Sobre su obra más conocida se han desarrollado todo tipo de fantasías y bulos, muchas veces amplificados sin contraste por medios pretendidamente serios ―hasta con alguna supuesta fermentación y todo―. Oficialmente, y si nos guiamos por la información que consta en el catálogo de la Tate Gallery, que posee una de las noventa latas idénticas que componen la serie ―aunque no la expone―, el medio es: “Tin can, printed paper and excrement”, pero esa información la facilitó el propio Manzoni como parte integrante de la obra conceptual. Lo cierto es que hace ya muchos años que se sabe que tan sólo contienen unos gramos de yeso apelmazado, tal y como volvió a corroborar en 2007 su colaborador Agostino Bonalumi. Por lo tanto, siento mucho si le estoy dando un disgusto a alguien, pero la realidad es que nadie ha enlatado jamás sus excrementos ―o quizá sí, pero no con pretensiones artísticas―, al igual que nadie se ha gastado 6,2 millones de dólares en una banana.

 

Liu Jiakun, premio Pritzker

Museo de esculturas de piedra de Luyeyuan

Liu Jiakun (1956) ha sido galardonado con el premio Pritzker de 2025, convirtiéndose en el segundo arquitecto chino en lograrlo. El jurado ha destacado su habilidad para usar su tradición como un trampolín para la innovación, creando una arquitectura que es a la vez un monumento, una infraestructura, una parte del paisaje y un extraordinario espacio público. Su obra más celebrada es el West Village (2015): un edificio-barrio en la ciudad de Chengdu, de más de 21 millones de habitantes. Dentro del mismo inmueble se unen viviendas, comercios, calzadas, espacios naturales y todo tipo de equipamientos y zonas de recreo.

Muy pocos habían oído hablar de él en el exterior, pero en China es muy respetado desde 2008, cuando, tras el terremoto de Sichuan (unos 70.000 muertos), tuvo la idea de mezclar los escombros y las cosechas arruinadas para fabricar ladrillos con los que acelerar la reconstrucción. El empleo de bambú, grano o cualquier cosa abundante en el lugar se ha convertido en una constante en su obra; y no sólo con un fin ahorrativo, sino también simbólico y espiritual. De profunda fe budista, pasó una década entre el Tibet y Xinjiang dedicado a la meditación, a la pintura y a la literatura, llegando a tener cierto éxito con una novela distópica publicada en 1999.

Criado durante la hambruna del Gran Salto Adelante, la Revolución Cultural y demás horrores, afirma que estudió arquitectura por casualidad y sin tener ni idea de en qué consistía aquello: “Mi maestro de escuela me aseguró que allí iba a dibujar mucho”. Tan sólo se lo tomó en serio a partir de los cuarenta y tantos años, de modo que su primer edificio no fue levantado hasta 2002: el pequeño museo de esculturas de piedra de Luyeyuan, todas ellas budistas.

No dispone de un gran estudio, sino de una oficina modesta en un edificio anodino, donde además regenta un café en el que expone cuadros de artistas locales. Por supuesto, no trabaja solo, sino que lidera un pequeño equipo de profesionales escoltado por tres gatos: Revuelto, Bizco y Tercerito. No es, desde luego, el tipo de gran arquitecto al que estamos acostumbrados en Europa.

 

Caravaggio en el Palazzo Barberini

El 7 de marzo se inauguró en el Palazzo Barberini (Roma) una de las exposiciones más ambiciosas jamás realizadas sobre Caravaggio (1571-1610). Su nombre es tan familiar que no se suele reparar en el hecho de que su carrera no llegó a durar ni quince años y no dejó una obra tan amplia como podría parecer. Aunque se le atribuyen más de ochenta cuadros al óleo, poco más de la mitad pueden considerarse de autoría verificada. Además, están bastante diseminados por el mundo ―en España, por cierto, tan sólo hay cuatro― y una buena parte pertenecen a colecciones privadas, por lo que son muy escasas las ocasiones de poder disfrutar de una muestra que permita observar la evolución de su pintura. Veinticuatro de las obras expuestas son de autoría indubitada y algunas incluso están autografiadas: toda una rareza para las costumbres de la época y para las suyas en particular.

Estará abierta hasta el 6 de julio, y en ella se podrán contemplar, entre otros:

Retrato de Maffeo Barberini, futuro Urbano VIII (ca. 1593), 124 x 90 cm, colección privada; se muestra por primera vez al público desde 1938; su autoría es minoritariamente discutida
“Baco enfermo” (1593), 66 x 53 cm, Galleria Borghese; se supone que es un autorretrato.
“Jugadores de cartas” (1595), 99 x 107 cm, Kimbell Art Museum (Fort Worth)
“Santa Catalina de Alejandría” (1598-1599), 173 x 133 cm, Museo Nacional Thyssen-Bornemisza
“Judit y Holofernes” (1599), 144 x 195 cm, Palazzo Barberini
“El martirio de santa Úrsula” (1610), óleo sobre lienzo, 140,5 x 170,5 cm, Palazzo Zevallos (Nápoles)

 

Los Searchers dejan de girar

The Searchers, considerados la banda de música popular más longeva de la historia, han anunciado que el próximo 27 de junio darán su último concierto. Lo curioso es que también será su primera actuación en el Glastonbury Festival. “Debutar en Glastonbury con 83 años… ¿Alguien puede superarlo? No creo que la vida pueda darme nada mejor”, ha declarado John McNally, que lleva en el grupo desde su fundación, en 1957. Pioneros del Merseybeat y buenos compañeros de los Beatles en sus inicios, alcanzaron el número uno en el Reino Unido en tres ocasiones: con “Sugar And Spice”, con su versión del “Sweets For My Sweet” de los Drifters y con “Needles And Pins”, cuya interpretación en el show de Ed Sullivan del 5 de abril de 1964 podemos ver en este vídeo.

Ignoro qué grupo le toma el relevo como decanos del rock, pero el Duo Dinámico empezaron en 1958 y ahí siguen…

 

Una subasta muy normal en Sotheby’s

Sotheby’s ha pasado un año un tanto turbulento, con suspensiones sorpresivas de subastas, retiradas de lotes en el último momento, regulaciones de empleo, subidas repentinas de sus tarifas y rectificaciones apresuradas, ventas por debajo de lo esperado… No son los mejores tiempos para esta casa, que el pasado 11 de marzo cumplió 281 años.

Siete días antes había celebrado en Londres su “midseason Modern and Contemporary evening sale”. Se sacaron a licitación 38 lotes, que en conjunto generaron 62 millones y medio de libras esterlinas, algo por debajo de lo esperado. Cuento esto porque tengo la impresión de que el público en general no acaba de ser consciente del dinero que se mueve en el mercado del arte, sobre todo en el secundario.

No se trató de una velada extraordinaria en ningún sentido. Con peores y mejores momentos, todo estuvo dentro de lo normal. Algunas de las obras vendidas fueron:

“Heu”, de Gerhard Richter (1995), óleo sobre lienzo, 200,3 x 140 cm (7 millones de libras)
“Moon Mad”, de Max Ernst (1944), bronce, 94,4 cm de altura (2,1 millones de libras)
“Peanut Butter Cup”, de Roy Lichtenstein (1962), óleo sobre lienzo, 35,6 x 35,6 cm (1 millón de libras)
“Crude Oil (Vetriano)”, de Banksy (2005), óleo sobre lienzo, 109,5 x 140,3 cm (4,3 millones de libras). Teniendo en cuenta el perfil ―quizá no tan erudito― de los potenciales compradores, era el único lote en el que la casa admitía pagos en criptomonedas. Eso sí, incluía un marco personalmente elegido por Mr. Banksy (!) que puede resultar útil en un futuro. (Por cierto, Jack Vettriano, de quien Banksy tomó el motivo para su pintura, había muerto un día antes, como veremos con más detalle un poco más adelante.)
“After Embah”, de Lisa Brice (2018); témpera sintética, yeso y tinta sobre lienzo; 244 x 205 cm (5,4 millones de libras tras más de 10 minutos de pujas)
“Cosmic Eyes (In the Milky Way)”, de Yoshitomo Nara (2005), acrílico y brillantina sobre lienzo, 162 x 130,2 cm (9 millones de libras tras otro largo combate de pujas con cuatro contendientes)
“El pájaro de oro”, de Brancusi (1919), bronce sobre base de mármol, 126,5 cm de altura (3,3 millones de libras)
“Busto de mujer”, de Picasso (1953), óleo sobre lienzo, 64,2 x 54 cm (4,2 millones de libras)

 

Adiós a un (gran) pintor de gustos polémicos y obra denostada

El 3 de marzo se anunció la muerte de Jack Vettriano (1951-2025), un pintor tan popular y exitoso como despreciado por la crítica y seguramente incomprendido por todo el mundo. De su obra se ha dicho con uniforme frecuencia que es monótona, floja, inexpresiva, apagada, plana, descerebrada, babosa, pseudoerótica, hortera, un sinsentido, espeluznante, sórdida, pasada de moda, ordinaria, conservadora, sexista… Aunque la principal acusación siempre ha sido que sus cuadros no son más que posters, y lo cierto es que el póster más vendido de la historia del Reino Unido es una impresión de su óleo sobre lienzo “The Singing Butler” (1992), cuyos derechos le reportaban más de medio millón de libras anuales.
La comparación gustará más o menos, pero muchas de las diatribas que ha recibido también le fueron lanzadas a Hopper, con quien comparte cierto espíritu. De una manera rápida, podríamos describir a Vettriano como un Hopper pasado por una whiskería de las de antes, o más bien por muchísimas, y condenado a diseñar portadas de novelas pulp durante toda la eternidad.
Quizá su atractivo culpable resida precisamente en esa falta de vergüenza ante lo grotesco. Con la técnica que siempre demostró poseer, habría podido pintar cualquier cosa que hubiese deseado; pero se decantó por escenas imposibles, o quizá tan sólo posibles en un ambiente de prostitución fetichista con más horas de ensayo que una representación de kabuki. Él mismo confesó, quizá como broma, que sus óleos venían inspirados por veinticinco años de malos hábitos sexuales. También afirmó que su mayor pesadilla era verse obligado a defender su pintura durante una cena en un restaurante.

 

Revista de prensa

Gagosian Quarterly – Spring 2025: todos los trimestres Gagosian edita una revista que suele traer artículos y entrevistas muy interesantes. Es una buena ocasión para descubrir a algún artista nuevo, profundizar en el conocimiento de los ya descubiertos o enterarse de cómo funcionan algunas de las galerías de arte más importantes del mundo. Además, está tan repleta de publicidad de marcas de joyería, moda y diseño que prácticamente funciona como un minicatálogo para estar al día de esos asuntos. La edición impresa cuesta 20 dólares y hay quien las colecciona, pero a través del enlace del título puede leerse en línea gratuitamente.

Finestre sull’arte – Dieci cose da sapere su Tracey Emin: aunque nunca me han gustado este tipo de titulares enumerativos,  merece la pena leer ―o incluso guardar― el artículo que esta excelente y seria revista italiana publica sobre la que, junto con Damien Hirst, quizá sea la cara más visible de los Young British Artists ―una denominación que seguramente perdió todo su sentido hace décadas―. Lo cierto es que a través de esas «diez cosas» se consigue hacer un recorrido completo por la vida y obra de Emin; muy recomendable para quien desee tener un primer contacto con ella y su forma de ser ―bastante más recomendable que curiosear en los perfiles que mantiene la artista en las redes sociales, siempre y cuando no se sea médico forense o se goce de un estómago de hierro: advertido queda―.

El Grito – Dentro de la fotografía de Brendon Burton, el retratista de la América profunda: dejando a un lado el tópico acerca de las profundidades de los países para referirse a sus zonas rurales, el suplemento cultural de El Confidencial nos ofrece una presentación de este interesante fotógrafo estadounidense nacido en 1994 y, por lo que se ve, muy afincado en Oregón. Veremos en su obra una estética actual aplicada a motivos casi ancestrales y una facilidad asombrosa para realizar composiciones y encuadres dotados de un gran magnetismo. Es posible que acabe encontrando su lugar en la historia de la fotografía; y también puede que no, pero habrá que estar atentos.

ARTnews – Just Stop Oil to End Protests as UK Adopts New Climate Policy: la veterana publicación neoyorquina (fundada en 1902) ha proclamado la grata noticia de que este grupo en concreto va a dejar de arrojar alimentos y otros productos químicos a las obras de arte, así como a volver a permitir que los visitantes de los museos disfruten de su estancia sin verse forzados a aguantar alaridos y numeritos. Con su actitud peligrosa, estúpida, coactiva e intolerante, Just Stop Oil y otras organizaciones similares han conseguido que los motivos por los que perpetran o dejan de perpetrar sus acciones carezcan de cualquier relevancia. Les animo a manifestarse en defensa de todo lo que consideren justo o conveniente, pero les rogaría que a partir de ahora la iconoclasia la practicasen en el ámbito de sus respectivos cuartos de baño.

 

Recomendaciones

«Rambling Rose», de Martha Coolidge (1991): un largometraje delicioso y no muy conocido con grandes actuaciones tanto de Laura Dern como de Robert Duvall. Aunque el tono general tiende más bien a la comedia amable, durante toda la película subyace cierto sentimiento de amargura ―pero tampoco más que en cualquier vida real―. En España se le dio el título absurdo de «El precio de la ambición», imagino que porque confundirían sus bobinas con las de alguna de Christopher Lambert o algo así. Y tampoco se fíen de las sinopsis publicadas en IMDB, Wikipedia, Filmaffinity y sitios por el estilo: está claro que no la han visto. No se esperen una película porno.

«Inside Pompeii», de Luigi Spina (2023): o cuando la fotografía se hace magia. Spina presenta el mayor reportaje fotográfico jamás realizado sobre los sitios de Pompeya, con tal resolución y certeza en los enfoques que, con la simple ayuda de una lupa y un poco de práctica, uno puede llegar a tener la sensación de estar realmente paseando por una ciudad romana ―y no se trata de ninguna exageración―. El volumen cuesta casi 100 euros y es muy barato. Fue elegido por el Financial Times como el mejor libro de arquitectura y diseño de 2023.

Trilogía de «Contrato con Dios», de Will Eisner (1978): para muchos es el mejor cómic de toda la historia. Yo no he leído todos los cómics de la historia, así que no sé si lo será; pero, desde luego, es una obra maestra. Si alguien tiene la idea de iniciarse en el conocimiento del noveno arte, empezar con esta obra sería como hacerlo en el cine con «Ciudadano Kane» o con «El hombre que mató a Liberty Valance: una grandísima idea.

 

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